En 1542, un explorador ibérico quedó maravillado por la enormidad de un río que se confundía con un mar. El 12 de febrero, cuando Francisco de Orellana, fundador de Guayaquil y de Portoviejo en Ecuador, descubrió para la humanidad el Amazonas, el río tenía ya 9 millones de años de transitar por Sudamérica y más de 6.400 kilómetros de largo hasta llegar al Atlántico. ¿En dónde nace esta maravilla de la naturaleza global?
En el siglo XX, cuatro siglos y medio más tarde, se conformó una expedición al nacimiento de este enorme río compuesta por ocho exploradores que partieron de la zona de Caylloma el 8 de julio de 1996 en el nevado Mismi, a 5.597 metros sobre el nivel del mar.
La expedición, que se puso por objetivo descubrir el origen del río Amazonas, concluyó que el gran afluente nace en la Quebrada Apacheta, de donde surge el riachuelo del mismo nombre. El Apacheta es un manantial glaciar que recibe agua del río Cacansa y luego del río Sillanque. El fatigoso pero apasionante recorrido de la expedición tuvo un final exitoso al definir el descubrimiento del lugar de origen del gran río Amazonas.
A pesar de los resultados de esa expedición, aún existen discrepancias sobre el punto de origen del río porque su gran red hidrográfica escurre por la cuenca más grande del mundo, que además tiene el mayor caudal del planeta.
Julio Tobar Donoso, diplomático, cientista social y escritor ecuatoriano, en su libro titulado “Historiadores y cronistas de las misiones”, publicado en 1960, recoge las tesis del origen del Amazonas de Pablo Maroni, un sacerdote y misionero jesuita del S.XVIII del Perú virreinal que, a su vez, publicó su obra “Noticias auténticas del famoso río Marañón y la misión apostólica de la Compañía de Jesús de la provincia de Quito en los dilatados bosques de dicho río escritas por los años de 1738 por un misionero de la misma compañía” y publicada por primera vez por Marcos Jimenez de la Espada (Madrid, 1889), con mapas elaborados por Maroni. En su testimonio, Maroni asegura que ”quien cotejare atentamente lo ancho que tiene el Napo o el Coca, que es de cerca de 300 brazas, con el que tiene el río que llamamos vulgarmente Marañón, hallará que éste le excede cuando menos en un tercio, y por consiguiente a éste se le debe la gloria de ser el río principal a quien tributan todos los demás”.
Aunque los descubridores del Amazonas buscaban la ciudad mítica de El Dorado, encontraron una de las fuentes más diversas del mundo. El extenso río que atraviesa siete países sudamericanos es considerado el más vivo del planeta por las especies que habitan en los ecosistemas que el río ha generado.
Las investigaciones científicas estiman que el 60% de las especies del planeta se concentran en las regiones por donde pasa el Amazonas. Las aguas del gran río han sido fundamentales para generar ecosistemas ricos y diversos que son el refugio de millones de especies de animales y plantas.
Cada año, la Amazonía libera 500 millones de toneladas métricas de carbón, convirtiéndose en uno de los reguladores del clima de nuestro planeta. En la selva amazónica hay una reserva que bordea entre 90 y 140.000 millones de toneladas métricas de carbón, que de ser liberados podrían acelerar el cambio climático drásticamente.
Junto a la cuenca del río Amazonas también se asientan varias poblaciones. La Amazonía alberga a 34 millones de personas, al menos 86 lenguas y 650 dialectos, según ONU Ambiente. El Coordinador de Organizaciones Indígenas de la Cuenca del Amazonas (COICA), estima que un 9% de la población humana del Amazonas está compuesta por pueblos indígenas de hasta 350 etnias diferentes. Algunas de estas poblaciones viven en aislamiento voluntario.

