Las navidades se han convertido en unas fiestas de exacerbado consumismo, impulsado por multitud de campañas publicitarias que apelan a los reencuentros familiares y las celebraciones propias de estas fechas, para que asociemos las emociones que producen con el consumo de sus productos o con su propia marca, a la vez que nos trasladan la idea de que para demostrar nuestro amor a las personas cercanas, debemos hacerles un regalo acorde a ello.
Regalos, grandes comilonas… Este consumo voraz conlleva graves impactos ambientales en todo el proceso, extracción de materiales, fabricación, distribución, y generación de residuos, acentuando la crisis climática. Pero también genera importantes impactos sociales, sobre todo en los países donde se producen estos bienes, en muchas ocasiones, en condiciones precarias.
Además, este incremento en las ventas tiene una repercusión social limitada, pues no repercute, ni mucho menos por igual en todos, ya que la mayor parte de éstas recae en gigantes como Amazon y grandes cadenas de distribución del comercio minoristas. De esta forma se consolidan modelos que concentran la riqueza, que usan todo tipo de estrategias para evitar pagar impuestos, requieren menos empleos que formas de distribución a menor escala.
En cualquier caso, toda la parafernalia consumista ha convertido la Navidad en un periodo de estrés y vaivenes emocionales asociados a los efímeros momentos de satisfacción que nos produce el consumo, muy lejos del bienestar que nos deberían proporcionar los reencuentros propios de estas fechas y el disfrute de las relaciones sociales.
Por ello, por un lado, desde el área de Consumo de Ecologistas en Acción reivindica una reducción del consumo en Navidad, tratando de que cuando éste sea necesario se opte por alternativas más justas y sostenibles.
Por otro lado, se reivindican unas fiestas navideñas donde se priorice el tiempo dedicado para los reencuentros, las relaciones sociales, para jugar con nuestros hijos e hijas, para que éstos jueguen con otros niños y niñas… En las que también cobre protagonismo la creatividad, la solidaridad y la cooperación.
La Navidad es tiempo de perdón
La Navidad es tiempo de perdón. Tal vez te suene a cliché, pero es una realidad. La Navidad es la oportunidad de volver a nacer, permitiéndole a Dios la oportunidad de nacer en mí, como en aquel pesebre hace más de 2000 años.
Pero Dios no puede nacer de nuevo en un corazón que está lleno de rencor. Qué triste albergar en nosotros resentimientos y falta de perdón cuando Dios mismo nos perdona nuestras faltas, mucho mayores que las que cualquier persona nos haya hecho.
¿Por qué perdonamos?
- Perdonamos, porque Dios nos perdonó primero.
- Perdonamos, porque queremos ser libres de cadenas de amargura que nos impiden disfrutar la vida que hoy tenemos.
- Perdonamos, porque pedimos en oración que el Padre nos perdone como nosotros lo hacemos.
- Perdonamos, porque es un regalo para nosotros mismos, porque es nuestra vida la que se estanca y se pudre cuando llevamos rencor.
- Perdonamos, porque es imposible experimentar la sanación verdadera que viene de lo Alto, mientras el corazón este endurecido por el resentimiento.
- Perdonamos porque, no hacerlo, nos destruye cada día por dentro.
- Perdonamos, porque lo necesitamos.
La Navidad es tiempo de perdón.
La Navidad es tiempo de perdón, de paz y de amor. Es tiempo de dejar brotar del corazón esos sentimientos aprisionados por el rencor el dolor. Es un regalo que te das a ti mismo que te permite abrirte a nuevas experiencias de amor en tu vida en la que abren oportunidades de cambios.
Es el momento ahora de romper con todas es cadenas del pasado que ya no sirven para tu momento presente. La Navidad es tiempo de la reconciliación con el amor, la navidad es tiempo de perdón a uno mismo, de aprender a ser menos duros con esos errores que cometimos y soltar.
¿Cuál ha sido tu experiencia con el perdón? ¿Qué has hecho para poder perdonar a la persona que más te ha lastimado? ¿Qué es el perdón para ti?

