Cuidado con las palabras, también sirven para hacer daño
El problema de las palabras es que pueden hacernos daño mucho tiempo después de haberlas escuchado, ya que se quedan en nuestro subconsciente y van minando nuestra autoestima ¿Alguna vez te has parado a pensar en el poder que conllevan las palabras? ¿Reflexionaste sobre aquello que dijiste mientras discutías?
Aunque las palabras no puedan tocarse, pueden acariciar o arañar el alma en unos segundos.
Lo que a veces decimos
Imaginen que alguien le dice con insistencia a un niño, o incluso a ustedes mismos, que no valen para nada. Esa persona puede ser su madre, su padre, su amigo, etc… O un conjunto de personas a lo largo del tiempo. La acusación puede ser injusta y exagerada, pero, si se la repiten mucho, la mente inconsciente puede jugarle una mala pasada, porque la almacenará, junto al sentimiento de cólera, depresión o resignación.
Las palabras también arañan… ¿Qué hacer para estar conscientes de ello?
Un útil consejo sería hacerle caso a este pequeño relato anónimo:
Coge una hoja de papel, y arrúgala, estrújala, dóblala o haz una bola de papel, lo que quieras. Cada uno puede hacerlo a su manera.
Luego intenta dejarla como estaba antes. ¿Puedes? ¿Difícil verdad?
Resulta imposible con nuestras manos dejar el papel en el estado en el que lo encontramos, siguen quedando pliegues y arrugas.
El corazón de las personas es como ese papel, la impresión que dejamos en ellos será tan difícil de borrar como esas arrugas, sobre todo cuando los lastimamos con nuestras acciones y palabras.
Por impulso, a veces no nos controlamos y lanzamos palabras llenas de odio y rencor, y cuando tenemos un momento de reflexión nos arrepentimos, resultando tarde y muchas veces imposible de remediar.
Qué distinto sería si pensáramos antes de actuar!.
Alguien dijo alguna vez: ¡Habla cuando tus palabras sean tan suaves como el silencio!.


Excelente reflexión