Durante el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán hurtó y se adueñó de trofeos, tesoros y obras de arte. No sería atrevido pensar que toda pieza valiosa estaba en la mira de los enviados del Tercer Reich.
Ante esto, la Federación Italiana de Futbol decidió resguardar la Copa del Mundo en una bóveda del banco de Roma. Sin embargo, Ottorino Barassi –vicepresidente italiano de la FIFA– nunca estuvo del todo convencido que la institución bancaria protegería el preciado trofeo. Sin decirle a nadie, una noche entró a la caja de seguridad del banco, sustrajo el objeto dorado y se lo llevó a casa.
Años después, la policía secreta nazi tocó a la puerta de su casa. En efecto, buscaban la Copa del Mundo. Barassi, presa del miedo y la consternación, guardó la estatuilla en una caja de zapatos y la puso debajo de su cama. Tras una larga revisión, los oficiales no encontraron nada. Durante un interrogatorio, el funcionario italiano les confesó que la Copa había sido enviada a Milán. Los representantes de Hitler le creyeron y siguieron un rastro falso.
Barassi pudo respirar tranquilo y por más de dos años escondió la escultura diseñada por Abel Laffleur en su casa. Fue hasta 1943 que la regresó a la Federación Italiana. Había evitado que la Copa del Mundo, un símbolo de la unión entre naciones, cayera en manos de quienes amenazaban la paz en el mundo. Esta después fue escondida en la casa del futbolista Aldo Cevenini y en 1947, al finalizar la guerra, regresó a las manos de la FIFA lista para ser entregada al ganador del Mundial de 1950 en Brasil.

Los robos exitosos del trofeo del Mundial
Por desgracia, la buena voluntad de Barassi y la torpeza de los nazis no evitó que el trofeo Jules Rimet –nombrado en honor al presidente de la FIFA que organizó el primer Mundial de futbol– fuera robado en dos ocasiones.
La primera fue en 1966, cuando fue sustraída de una vitrina en el Central Hall Westminster de Inglaterra, país donde se celebraría la justa deportiva ese año. Dos meses después, un hombre encontró el trofeo en un paquete de periódicos mientras paseaba a su perro. El caballero recibió una recompensa de 6 mil libras y su mascota obtuvo un año de comida gratis. Sobre los responsables nunca se supo nada.
La segunda ocasión fue en 1983, cuando un grupo de ladrones robó la Copa de la sede de la Confederación Brasileña de Futbol en Rio de Janeiro. Esa misma noche, los criminales cortaron y fundieron el trofeo para venderlo como lingotes de oro. Los cuatro responsables fueron detenidos.
Este robo aún es investigado pues, según reportes periodísticos, los ladrones mintieron en sus declaraciones a la policía. En realidad, afirman, vendieron la Copa del Mundo a un coleccionista italiano, que se jactaba de su posesión en el mercado ilegal de obras de arte. ¿Realidad o ficción?.
(Nota original de Muy Interesante México).

