El 19 de enero se cumplió un aniversario más del natalicio de Edgar Allan Poe (1809-1849), considerado uno de los mejores exponentes del cuento de terror, ciencia ficción y misterio. Leer a Poe es adentrarse en una mente dotada de imágenes brillantes y hermosas, pero también macabras y morbidas. Aquí recopilamos algunas de las frases célebres de los mejores cuentos de Edgar Allan Poe.
Las temáticas que el nacido en Boston tocó en sus narraciones fueron bastante oscuras, mórbidas y fascinantes: la obsesión, el asesinato, los hechos sobrenaturales, los fantasmas, la resurrección, los vampiros, la peste, las mujeres etéreas, entre muchas más.
La caída de la casa Usher
“Sentí que se respiraba una atmósfera de dolor. Un aire de dura, profunda e irremediable melancolía lo envolvía y lo penetraba todo”.
“¿Por qué, me pregunté, la casa de Usher me hacía sentir tan triste? Nunca encontré respuesta”.
“¿No lo oyes? Sí, yo lo oigo y lo he oído. Mucho, mucho tiempo… muchos minutos, muchas horas, muchos días lo he oído, pero no me atrevía… ¡Ah, compadéceme, mísero de mí, desventurado! ¡No me atrevía… no me atrevía a hablar! ¡La encerramos viva en la tumba!”.
El gato negro
“Lo ahorqué con mis ojos llenos de lágrimas, con el corazón desbordante del más amargo remordimiento. Lo ahorqué porque sabía que él me había amado, y porque reconocía que no me había dado motivo alguno para encolerizarme con él.”
“Un quejido, sordo y entrecortado al comienzo, semejante al sollozar de un niño, que luego creció rápidamente hasta convertirse en un largo, agudo y continuo alarido, anormal, inhumano, un aullido, un clamor de lamentación, mitad de horror, mitad de triunfo…”
“¡Había emparedado al monstruo en la tumba!”
Los crímenes de la calle Morgue
“Le gustan los enigmas, los jeroglíficos, y al solucionarlos demuestra un grado de perspicacia que, para el resto de las mentes, parece sobrenatural”.
“No se encontró rastro alguno de Madame L’Espanaye; pero como quiera que se notase una anormal cantidad de hollín en el hogar, se efectuó un reconocimiento de la chimenea, y —horroriza decirlo— se extrajo de ella el cuerpo de su hija, que estaba colocado cabeza abajo y que había sido introducido por la estrecha abertura hasta una altura considerable. El cuerpo estaba todavía caliente. Al examinarlo se comprobaron en él numerosas escoriaciones ocasionadas sin duda por la violencia con que el cuerpo había sido metido allí y por el esfuerzo que hubo de emplearse para sacarlo”.
“Cuando el marinero miró al interior, el terrible animal había asido a Madame L’Espanaye por los cabellos, que, en aquel instante, tenía sueltos, por estarse peinando, y movía la navaja ante su rostro imitando los ademanes de un barbero. La hija yacía inmóvil en el suelo, desvanecida”.
Berenice
“Señaló mis ropas: estaban manchadas de barro y de sangre. No contesté nada; me tomó suavemente la mano: tenía huellas de uñas humanas. Dirigió mi atención a un objeto que había en la pared; lo miré durante unos minutos: era una pala. Con un grito corrí hacia la mesa y agarré la caja. Pero no pude abrirla, y por mi temblor se me escapó de las manos, y se cayó al suelo, y se rompió en pedazos; y entre éstos, entrechocando, rodaron unos instrumentos de cirugía dental, mezclados con treinta y dos diminutos objetos blancos, de marfil, que se desparramaron por el suelo”.
El corazón delator
“¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos”.
“La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas. Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco”.
“Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena… ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge”.
(Nota original de Muy Interesante México).

