Hace unas semanas, el 29 de septiembre pasado, en el marco del Foro de Atenas sobre la Democracia –que se celebra a instancias de la Fundación Democracia y Cultura, con patrocinio de instancias tan diversas como Meta (de Mark Zuckerberg), el periódico The New York Times, el Banco Europeo, entre varias otras–, el académico Jeffrey Sachs protagonizó uno de los momentos más tensos del encuentro, esto luego de realizar un comentario crítico en el que involucró las diferencias culturales de países como Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos, y cómo éstas explican la conformación política de sus sociedades.
Quizá la observación de Sachs hubiera pasado desapercibida de no haberla llevada a una conclusión que confronta directamente el statu quo de la opinión dominante, en la cual se encuentra construida la dicotomía ideológica de que existen países “buenos” y países “malos”, estando los primeros identificados, entre otras características, por su democracia y los segundos por su autoritarismo. En el primer bando estarían esencialmente los países occidentales: el bloque que conforma la Unión Europea y Estados Unidos, sobre todo; mientras que en el segundo estarían las potencias rivales: Rusia, China, Irán y algunos más.
Esta dicotomía sumamente elemental –y, lo que es más importante: falsa– quedó al descubierto de una manera muy pronta y clara en el comentario del profesor Sachs, quien, por cierto, es un académico con una sólida formación en economía y sustentabilidad, adscrito desde hace varias décadas a la Universidad de Columbia.
En su momento más polémico el profesor Sachs dijo lo siguiente:
“Si se observa a Rusia, se verá que Putin se parece mucho a un zar. No es un accidente: su cultura es una cultura de la autoridad y de la tradición. Cuando miro a mi propio país, Estados Unidos, la suya es una sociedad semi democrática, dominada por blancos, jerárquica y racista, enfocada en preservar los privilegios de las élites. Así es como se formó en 1787. Era un país de esclavistas y genocida, donde se asesinaban nativos americanos para beneficio de la cultura blanca. Y sorprendentemente, todavía se ve así, si bien ahora somos mucho más diversos de lo que éramos. Quiero resaltar que estas son las distinciones culturales. Consideramos la democracia como “lo bueno”. El país más violento del mundo durante el siglo XIX, por mucho, fue probablemente el país más democrático, o el segundo más democrático de todo el mundo: el Reino Unido. Se puede ser demócrata en casa y despiadadamente imperialista al exterior. El país más violento del mundo desde 1955 ha sido Estados Unidos…”
En el momento quizá más interesante o álgido del comentario de Sachs, el profesor fue interrumpido por el moderador, haciendo éste uso claro de su autoridad en el encuentro. Si bien algunos sitios han considerado dicha interferencia un acto de censura, sin embargo, en el hecho también debe considerarse la naturaleza del foro. Acaso el comentario de Sachs necesitaba mayor sustento y el espacio no lo permitía.
De cualquier manera, no cabe duda de que la observación del profesor presenta algunos puntos interesantes para la reflexión, el análisis y sobre todo la investigación.
(Nota original de pijamaSURF.com).

