Espectáculos

No soy un fracaso, el misterioso y fascinante origen del afamado Allen Smithee

• La compañía Teatro de ciertos habitantes plantea en escena lo que significa el reconocimiento y el afán de fama en la vida moderna

El nombre de Allen Smithee es muy conocido, ha aparecido en más de 80 producciones de Hollywood, sin embargo pocos lo conocen, nadie había visto su rostro, hasta que la compañía Teatro de ciertos habitantes decidió develar el misterio.

Bajo la producción de Claudio Valdés Kuri y la dirección de Mario Garía Torres y Aaron Schuster, la obra fue presentada como un performance en 2016 en el Museo Rufino Tamayo y esta es la primera vez que se presenta en un espacio escénico, aunque el Foro de las Artes fue adaptado con dos sencillos elementos: una silla y un escritorio, para emular el ambiente de las numerosas conferencias que se dictan ahí todo el año.

Es así como la obra causa sorpresa y hasta cierto desconcierto al espectador al mostrarse al principio como el monólogo dictado por un anónimo personaje, mismo que cubre su rostro con una bolsa de papel y habla de la manera como directores, productores y guionistas inconformes de Hollywood han utilizado durante años su nombre para firmar los trabajos con los que tienen diferencias artísticas.

Sin embargo, lo que pareciera la extensión de un chiste iniciado hace más de cinco décadas en la meca del cine, comienza a adquirir tintes profundos y filosóficos cuando el personaje, interpretado por Rodrigo Carrillo Tripp, se pregunta lo que es buen arte o mal arte, así como los criterios absolutamente relativos con los que se juzga una obra

Para todo artista que duda o que en realidad no sabe resolver ciertos problemas creativos, más allá del yugo de los productores, siempre existirá un Allen Smithee, quien se define a sí mismo como un vertedero de lo que otros rechazan y al mismo tiempo como el creador anónimo de numerosas obras que se salieron del control de los egos de sus directores.

Pero en cierto momento el monólogo-conferencia, se transforma en un cuestionamiento claro y dramático sobre lo que significa el reconocimiento y el afán de fama en sus diversas clasificaciones en la vida moderna.

Los créditos de mi nombre se multiplican en la proporción de esos artistas decepcionados con los resultados de las obra que iniciaron con entusiasmo, afirma el personaje, quien al mismo tiempo cuestiona el supuesto prestigio que se intenta salvar interponiendo su nombre, sí como los egos desproporcionados.

Sin embargo sí es claro que su nombre significa más que una simple broma iniciada en la década de los años sesenta pues el Directors Guild of America que reúne como en un sindicato a los cineastas que trabajan en Hollywood, regula el uso del nombre de Allen Smithee y está al pendiente del cobro de sus regalías.

El anónimo personaje pregunta así cómo no puede ser real un ser con nombre que recibe dinero real y que cuenta con representantes y que aparece en pantalla en la barra de créditos junto con otras estrellas.

Al final, la obra No soy un fracaso se convierte en una fiel moraleja de su título y nos muestra que Allen Smithee en realidad es una suerte de reflejo colectivo donde muchos males de la sociedad son contenidos o echados debajo de la alfombra ¿Acaso existirán otros Allan Smithees en otros ámbitos, en la política, en los gobiernos y en las estructuras sociales que creemos inamovibles? Es la pregunta sutil que embarga al espectador.

No soy un fracaso se presentará el 14 y 21 de febrero en el Foro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, Churubusco y Tlalpan, colonia Country Club.

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